Es usual encontrarse con historias, algunas no muy añejas otras con muchos años, que tratan de la muchacha cuyo objetivo de vida era quedar bien casada. Esa era la costumbre y la búsqueda del beneficio económico y social que esto les reportaba ocupaba gran cantidad de tiempo y de energías que empleaban tanto ellas como sus familias. La hipergamia parece ser una tradición amorosa mandada a recoger o por lo menos tiene esa tendencia. Ahora, con mujeres y hombres preparados y con oportunidades iguales, ellas no tienen la necesidad real de buscar seguridad o sustento en un hombre con ingresos mayores; para progresar, no necesitan del dinero del otro y simplemente prefieren la comprensión y la compañía a los beneficios puramente materiales. La consecuencia de este cambio será que cada vez sea más frecuente encontrar más mujeres mayores con esposos jóvenes, más mezcla entre grupos étnicos, religiosos y sociales diferentes.
Distancia.
Desde la antropología se ha visto que el ser humano no está diseñado para vivir en compañía de su pareja las 24 horas del día. Se deriva de ahí que las relaciones entre personas que trabajan a distancia y que no se ven todo el tiempo sean más o menos usuales, incluso los que así se relacionan piensan que es sano para la unión por lo menos al principio y encuentran que no es difícil asumir los compromisos, la profesión no se ve amenazada, no es necesario unir patrimonios y la distancia le da frescura a la unión. Sin embargo como en cualquier tipo de matrimonio este modelo tiene sus más y sus menos. En una forma menos radical, los conyugues solo se encuentran a la noche o se organizan salidas que pueden ser de algunos días en las que cada uno va por su lado. Este tipo de barreras ayudan a vivificar el vínculo y hacen que la pareja moderna separe los negocios y el trabajo del placer y del encuentro donde están realmente juntos.[1]
En los menos, este tipo de relación también iría en contravía de otra de las tendencias humanas; las parejas jóvenes, especialmente, necesitan estar cerca el uno del otro para establecer las funciones de cada cual, establecer los proyectos y conocerse en la intimidad: la pareja a distancia inhibe este proceso de intimidad. Por otro lado, la distancia es un buen aliciente para la infidelidad que es otra de las condiciones humanas por naturaleza.
En defensa de la familia: Esta es la más adaptable de las instituciones humanas, y cambia con cada demanda social. La familia no se rompe durante una tormenta como si fuera un pino, se inclina más bien como lo hacen el árbol de bambú tan mencionado en los cuentos orientales.[2]
Desde la perspectiva antropológica, el único fenómeno realmente nuevo que se vería en los milenios de evolución de los lazos familiares serían las personas solteras, divorciadas o viudas que permanecen solas. De hecho, en las sociedades tradicionales, las personas que presentaban alguna de estas condiciones se mantenían cercanas a sus familiares, no vivían solos. Esta tendencia se demuestra en números, hasta finales del siglo pasado, solo en los Estados Unidos 23 millones de personas vivían solas. Otro dato interesante es que el tiempo promedio durante el cual los hombres y mujeres viven solos es de 4.8 años.
Esta condición ha dado lugar a una nueva forma de vida familiar, la asociación en la cual se establecen vínculos afectivos entre amigos no emparentados que se reúnen para compartir sus logros y problemas y se prestan ayuda, cuando están por ejemplo enfermos. Así por primera vez en la historia de la humanidad, en los países industrializados y en las ciudades grandes, las personas optan por elegir sus parientes basados en un sentimiento de amistad. Este tipo de relaciones con el paso del tiempo generarán nuevos términos para el parentesco a nivel cultural, social e incluso jurídico.
Los hijos.
Una cosa es cierta, las mujeres seguirán trabajando, de hecho es una de las característica importantes del siglo XX. El ingreso total de la mujer al mundo laboral, una alternativa a la simple crianza de los hijos. En las nuevas relaciones, los vínculos con los hijos como en el pasado serán cada vez menos. Al darse una vuelta por la historia de la humanidad se evidencia que en el antiguo pasado nómada se tenían pocos hijos, ¿cómo cargar con muchos?, sería una cosa poco práctica, mientras que en los estadios de labradores era más fácil tener los hijos y muchas manos ayudaron a que el proceso fuera exitoso.
Con la industrialización del s. XIX tener muchos hijos para una familia que tenía que salir a trabajar se volvió un hecho antieconómico. En resumen, cuando los hijos se volvieron innecesarios, se retornó con facilidad a un patrón más funcional y natural: las familias pequeñas.
Con la industrialización del s. XIX tener muchos hijos para una familia que tenía que salir a trabajar se volvió un hecho antieconómico. En resumen, cuando los hijos se volvieron innecesarios, se retornó con facilidad a un patrón más funcional y natural: las familias pequeñas.
Las familias separan cada vez más los embarazos, hasta llegar a un promedio de cuatro años, lo que permite dedicarse a criar un hijo cada vez. Lo estudios muestran que los niños que provienen de familias pequeñas obtienen mejores logros escolares, sus logros educativos son más altos y reciben más atención de los padres en los proceso de maduración. Igualmente para los padres, es más benévolo espaciar los nacimientos; como especie, la evolución no dispuso que se asumiera la carga de criar hijos en gran número con rangos de edad muy cercanos.
La naturaleza humana mantendrá sus hábitos reproductivos, de la misma forma en la que los jóvenes se enamoran ahora se continuará haciendo, se mantendrá la tendencia a tener hijos que unen la pareja por más tiempo. En caso contrario, muchas parejas romperán y formarán nuevos vínculos para continuar con el ciclo, las mujeres seguirán con sus trabajos y los índices de divorcio se mantendrán o se incrementarán; pero también estarán los que se casan tarde, que tienen la tendencia a no separarse, o a los que su segunda relación les funcionó y como dicen las mamás “sentaron cabeza” al final el fino equilibrio para mantenernos como especie y como familia se mantendrá.
Seguramente se mantendrá la vuelta a los padres transitorios tan frecuentes en tiempos pasados, se recordará que la paternidad individual no era rara en nuestro antepasados cazadores, para darse cuenta que el hecho de tener un padre único es una condición transitoria de estos tiempos. Nos daremos cuenta que la mayoría de padres divorciados se casan de nuevo en un promedio de tres a cuatro años, de manera que un padre único sería una extrañeza. No sorprendería al analizar que la longevidad antes era una condición diferente a la actual, recordaríamos que las familias tenían una duración mucho más corta en resumidas cuentas los giros culturales están sometidos a los biológicos.
Todo esto para darnos cuenta que vincularse es humano, es un impulso que surgió hace unos cuatro millones de años, de sobrevivir como especie, debería continuar dentro de nosotros incluso dentro de otro periodo de tiempo similar.
[1] Helen Fisher. The Sex Contract. Investigadora del Departamento de Antropología del American Museum of Natural History.
[2] Paul Bohannan. Antropólogo nacido en Nebraska, doctorado de la Universidad de Oxford. Estudio la relacione matrimoniales en los Estados Unidos y acuñó la expresión “La Industria del Divorcio”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario