Salamandra:
Personajes.
Dir. Mauricio Madrid.
Argumento cinematográfico.
Hamer: Es un hombre de 28 años, un poco más alto que el promedio colombiano, moreno del color del tabaco que se cultiva en su tierra natal, con cierto aire juvenil en su contextura física, de movimientos ágiles y sutiles, decididos cuando la ocasión lo amerita, pero algo nerviosos en reposo, tiempo que parece ocupar en jugar con las manos o con el infaltable cigarrillo o el aguardiente que siempre tiene a la mano. Su hablar con voz clara y fuerte denota agilidad mental; contundente al hablar, de entrada su timbre fuerte parece no encajar con las dimensiones de su cuerpo; habla con la intensidad de un recién aparecido, las interpelaciones no se encuentran en su forma de dialogo, dice lo que tiene que decir; parece un corrido mejicano de los que tanto le gustan, solo hay silencios que el otro interpreta como su espacio en el dialogo, pero para él solo son los momentos necesarios para pensar su siguiente aparición.
En contraposición, cuando el asunto amerita cierta seriedad o severidad, también si el evento involucra a un desconocido o un enemigo, el mutismo protagoniza su actitud. Convirtiéndose entonces en un ser meditabundo, reservado, silencioso como un felino al acecho, es en la cavilación donde sus ojos del color de las hojas muertas reflejan la decisión del que no tiene miedo del porvenir o más bien del que no tiene ninguno. A semejanza de los lobos, afable y cariñoso en la amistad y la familia; implacable, frío y fiero en la oposición.
Su vestido es oscuro y austero. nada acorde a su ritmo de vida preocupado por los placeres terrenales.
Hamer es uno de esos en los que se confía y que a la vez se teme.
Virginia: 16 – 17 años. Es una mujer madura para su edad, sus formas de mujer ya son seguras, desenvueltas y el aire juvenil solo se refleja en su cara y traje de escuela. Apenas está por terminar la secundaria en un colegio donde su lengua primaria no es el español. Por ahora sale con un novio cinco o seis años mayor que ella; en él ocupa las horas después de clases, las mismas a las que asiste sin entusiasmo, salvo las relacionadas con idiomas o intrigas de la historia: su cotidianidad son Automóviles, amigos, cocaína, chismes de adolescentes y alcohol.
Debido a los celos que les produce, desde hace meses ha visto como sus amigas de otros años han venido desaparecido paulatinamente; aunque los de su edad no le interesan las que eran sus compañeras más cercanas ahora la ven como una “quita novios” bastante adelantada; razón por la cual, su círculo se estrecho solo con falsos amigos, todos con ansias de noviazgo y algunas parejas pasajeras.
En cuanto a su familia, debe ser por esa regla de la vida en la que cada espacio vacío tiene que llenarse, que sus padres a los que casi nunca ve, encontraron reemplazo en recién aparecidos y uno que otro conocido de colegio.
Desde hace unos años percibió que puede manipular a los de su edad, al igual que a sus mayores, sin esfuerzo, basta un guiño para que su voluntad se cumpla. Desde ya es una mujer práctica, de pocas palabras, muchas dudas interiores y pocos miedos hacia fuera. Virginia es una líder valiente, sin falsas modestias, por estas causas se convirtió en la cómplice leal para todas las pruebas y maniobras prohibidas que idean los muchachos en búsqueda de su espacio y posición en el mundo.
Virginia: 1.70m de estatura; observa y ríe frente a todo con sorna solo perceptible para sus cercanos, bien sean los que van en su misma dirección o para sus enemigos más reconocidos. Es una mujer de esas típicas costeñas, que tienen el enigma y elegancia de sus ancestros árabes, mezclado con la voluptuosidad a flor de piel; extraño y evidente condimento de su complemento africano; para colmo de males; digo esto para los hombres a los que no suele mirar: su tez blanca en constante rivalidad con su pelo y ojos negros; al lado de sus labios rojos, ni gruesos ni delgados, hace que otras bellezas sean una cuestión de ilustraciones para colegiales.
Lo mejor de la América mestiza se encuentra en su figura. Cuando habla lo hace con voz cálida, fuerte y convencida, que bien le valdría un lugar en una buena orquesta cubana de los años 50s; Si baja el tono para seducir, de forma suave y tranquilizadora hace que el más agobiado olvide su pena encontrando sosiego o que el más soberbio se convierta en un pobre cachorro desamparado a merced de cualquier predador.
Virginia es astuta y tranquila; mantiene su mal humor oculto, prefiere ahogarlo en el brandy que la acompaña. En su profesión no hay lugar para esta pérdida de tiempo, primero escuchar, luego complacer pero con sus reglas. Es una mujer veleidosa, todo lo ha conseguido a través de los hombres que no tienen ningún poder sobre ella y a quienes somete con inteligencia y tiranía soterrada.
Su vestido luminoso, sin mostrar nada que cohíba los deseos más ocultos o que le dificulte los movimientos necesarios para bailar la salsa arrebatada o el vallenato que pone a sonar sin importar donde esté; cuando la ocasión lo amerita es tan elegante como una ejecutiva de una multinacional.
Cuando se inventaron ese estribillo “Cambia el paso, que se te rompe el vestido” bien podrían haber pensado en ella; es una puta de esas que no se le presenta al jefe.
Mario: 12 -13 años. Es un niño bonito, delgado, escuálido que bien podrían vestir de niño o de niña sin que nadie note el cambio, de hecho se encuentra mejor con ellas, las halla más tranquilas y amorosas, contrarias a la maldad que pueden llegar a manejar los chicos de su misma edad y sexo.
Mario es introvertido, con dos percepciones totalmente opuestas; durante el día aunque solitario se le nota más desenvuelto con su entorno, sonríe, nunca una carcajada. En la soledad multitudinaria de las pensiones habitadas en su mayoría por gente hostil o indiferente prefiere encerrarse en su propio mundo, allí se encuentra seguro, interponiendo una cortina de juegos e ideas entre la realidad y su alma de niño pobre. Esta capacidad de separar la realidad de su mundo le ha permitido sobrevivir a los embates de la violencia y la necesidad, circunstancias que lo han convertido en un pequeño ser dubitativo hasta el desespero.
Cómo un cachorro cuando viene la noche un tenue sollozo se escucha en las cuatro paredes mal pintadas de la habitación, como un augurio de los monstruos reales e imaginarios que no tardarán en llegar y que han marcado sus escasos años; tomo por costumbre acercarse frente al altar improvisado para luego empezar a rogar como su madre le enseño para que nada malo le pase, Mario solo tiene fe y no tienen certeza de absolutamente nada. Luego su infantil mente se traslada a sus dibujos y a los escuetos cuentos que escribe para matar el tiempo, no recuerda quien o cuando aprendió a dibujar o a leer y escribir, piensa que tal vez algún "querido amable" de su madre le dedicó algún tiempo.
Los truenos, el calor que sofoca y los aguaceros que parecen nunca terminarán lo asustan, desde su metro cincuenta de perspectiva a lo lejos escucha los animales, los hombres y mujeres que se oyen igual que las bestias, el indescriptible temor lo disipa cantando una canción de superhéroe de televisión. Buscando ocultarse, se resigna a esperar los abusos continuos de su padrastro de turno.
Una de sus pocas certezas: Sin lugar a donde ir, será sometido a todo tipo de vejámenes, físicos, mentales y sexuales, ni siquiera las descuidadas y etílicas caricias de su madre le ayudarán a encontrar sosiego.
Mario - 35 años: Es alto 1.82m, blanco, más bien delgado, bien formado gracias a la academia militar, de huesos grandes, sus maneras bien podrían ser las de un hijo de la alta sociedad educado en Londres; de comportamientos elegantes, que eventualmente y como quien lanza un anzuelo abren campo a juegos mentales frente a su sexualidad. Mirada esquiva, distraída, producto de abusos de tipo sexual, físico y mental. Habla tímidamente, doblemente; incluso, mezcla ingles con español para aclarar o confundir sus pensamientos, juegos con el idioma que alguna vez le sirvieron para descrestar a sus amigos de profesión y que aprendió de sus primeros clientes extranjeros; sus ideas las emite a veces en voz alta con desparpajo y sin preocuparse quién está en frente, en no pocas ocasiones, como una huella de su infancia, suele hablar con su sombra o se sirve de cualquier objeto inanimado que tenga a mano para que tome el lugar del interlocutor.
Su aspecto cambiante, va acorde a su capricho del día, la mayoría de las veces con lo último en la moda, también le gusta parecer ingenuo como un aspirante a seminarista, elegante al estilo de un corredor de bolsa o como andrajoso; como un drogadicto más. Igual es su andar que va acorde con su vestido. Esa es una de sus formas de jugar, pasatiempos solitarios propios de una mente que adquirió el gusto de divertirse en la soledad.
Pero si su apariencia y forma de hablar no tienen una línea bien definida, sí tiene una certeza que maneja a su antojo, su belleza física, semejante a la de un querubín pintado en el medioevo lo ha llevado por los bajos fondos y por las altas esferas.
Sasha – María: Es una diva: fuerte sin exagerar, atlética, más alta de lo normal, de alegría desbordante, rubia. Cada movimiento suyo, como si estuviera en un Rave la hace ver como la más libre y dispuesta de las “hembras”, las luces de la pista de baile están hechas para ella. Altiva y amable es el centro de atención. Es cordial, de ahí que muchos la malinterpreten, pronto y después de un gesto arrogante de su parte se dan cuenta que no la eligen es ella quien escoge a dedo. Su vida es la noche; como todas las relaciones que se establecen cuando reina la luz artificial se desvanecen cuando amanece. Lo que sucede bajo el sol nadie lo sabe; en este aspecto es hermética; es una paradoja que su vida nocturna sea pública, mientras que la diurna se encuentra entre sombras. Como un vampiro. ¿Quién dice que no lo es? huye antes del amanecer.
Sasha como todas las de su especie es incontrolable e impredecible, amante de los restos masculinos o femeninos: observa, espera, seduce y atrapa. Espera con buen vodka y cigarrillo. Seduce con sus trajes luminosos que ella misma diseño a partir de revistas: Corte aquí, pegue allá. Atrapa, con sus formas delicadas, fuertes y decididas. Realmente cuando tiene algo o alguien en la cabeza cierto autismo guía sus actos.
Candelaria: Odia todo y a todos. Es una mujer blanca, pelo teñido tantas veces que hace imposible saber de que color es; alguna vez fue bonita pero la larga jornadas de hambre, tabaco y ron, lo ocultan tras su voz ronca y su aspecto hostil.
Constantemente reniega de su pasado, según ella mucho mejor, y no duda en recurrir a brujas y médiums para vislumbrar algo de su futuro. Es una mujer egoísta y solapada que en una vida anterior debió ser agiotista. Vive en el pasado el cual recuerda constantemente a través de fotografías de ella y recortes de periódicos donde salen sus amantes ricos de confirmada mala reputación y otros cuya ética está en vilo aún después de años de desfalcos y robos de cuello blanco.
Educada en la vida que según ella “le toco vivir” la del bajo mundo y los sótanos de fiestas impúdicas y ocultas de la clase política; es una mujer poco práctica, prejuiciosa y amante de urdir sin miramientos de consecuencias. Por necesidad o por gusto hizo de la mentira su verdad. Su alma se la vendió hace rato al diablo a cambio de unas copas de ron y muchos pesares.
Federico Barbero es un tipo de cincuenta años, atlético, fuerte, de buenas maneras y una oratoria envolvente, a pesar de ser un embaucador profesional cuesta creerlo entre tanta elegancia y retórica religiosa. Presumido y jocoso encuentra en el sexo opuesto todas las herramientas para continuar con su labor “misionera” que de paso le llena los bolsillos.
Barbero es un sibarita, definitivamente los votos de castidad, pobreza y otros no se le pasan siquiera por la mente; sin embargo, se cree un elegido de Dios y con firme convicción piensa que su vida licenciosa le permite conocer más a fondo al género humano, para después orientarlo a su salvación eterna. No duda en poner sus costosos gastos de representación y de imagen a los feligreses que le siguen, jamás tiene en cuenta si sus bolsillos son fuertes o se encuentran casi vacíos.
Para Barbero todo ese lío de la igualdad cristiana es pura tontería, él está en la cima de las nuevas instituciones de la fe y sus honorarios por salvar almas son caros. Apuesto, inteligente y culto, se piensa un iluminador.
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