Hace unas horas, aún era de noche, cabe aclarar que aquí tienen casi la misma duración que los días. En un recorrido de esos en los que pocas cosas novedosas pueden pasar; en esta ocasión si pasó una y llevó a un serie de reacciones tanto propias como de los que me acompañaban. Contaré las mias.
Los gatos son unos seres que se mueven entre la cautela y la osadía, son amigos del sueño diurno y del vagabundeo nocturno. El que vimos anoche, seguro olvidó la cautela y el vagabundeo le paso factura. A un lado de la avenida, que a esas horas es veloz para el tráfico esporádico de automóviles, se encontraba medio escondido entre una protección de obra, esas telas verdes que ocultan las construcciones en proceso y que vemos por todos lados. Era un gato joven. No nos hubieramos percatado que estaba ahí sino fuera porque los canes que nos acompañaban se alteraron un poco, eso si, menos de lo usual cuando se encuentran con los felinos a los que les gusta perseguir, seguro por el ejercicio de no alcanzarlos, como he dicho los gatos son cautos y se mantienen cerca a los lugares que les brindan protección: recovecos, puertas y árboles.
El amigo que me acompañaba, al que le agradezco la ayuda que me presta por estos días, dueño del par de perras, tomó sin embargo las medidas para que no se la tomarán con el pobre animal que estaba tirado entre las telas; continuamos unos metros más y nos detuvimos. Algunos gatos, a los humanos tambien nos pasa, se petrifican frente al daño inminente; al voltear esperaba ver al felino usando toda su agilidad para poder seguir en el vagabundeo nocturno, sin embargo no se movió a pesar que ya se habían alejado el par de fauces bastante más grandes que él.
Así las cosas se notaba algo anormal, un suceso diferente en un recorrido que no ofrecía ningún sobresalto. Me acerque al animal, después de una anécdota con un par de gatos mios, bueno y de dos parejas diferentes que los acompañaron, me gusta recordar a unos y a otras; mire las pupilas de este que era blanco, estaban dilatadas, la siguiente evidencia de la cercanía de la muerte era que respiraba con dificultad; intentaba llenar los pulmones lo más que podía, se veía en su inmovilidad y en su afán por hacerlo la intención que los animales tenemos por mantenernos con vida; claro, en los humanos hay excepciones.
En el afán por respirar y agarrar eso que algunos de buena manera han llamado aliento de vida y en la imposibilidad de lograrlo, se mostraba el intersticio entre la vida y la muerte: la agonía. Se notaba la impotencia del gato, a lo mejor con la mirada perdida podía ver que se moría; no solo sentir, también ver, seguramente los sonidos se le apagaban o no importaban, es probable que ya no tuviera importancia nada, la muerte es inefable y los animales, de esto si estoy seguro, no tienen cargas morales que les hagan temerla, simplemente les llega, así, de repente, porque con la vida solo límita la muerte.
Algunos pueblos árabes creen que los animales que nos encontramos en vida, principalmente perros y gatos son los guías en el camino después de la muerte. Si es así, este seguramente se aparecerá en algún momento. Por lo pronto encontarlo ha servido para mostrarme una vez más que la muerte es un hecho que puede suceder en cualquier noche, en cualquier avenida, sin importar si se hace una labor heroica o se compra un gaseosa: con el primer aliento se da inicio a la vida, con el último se acaba: lo que se haga en medio es lo que vale.
Post: En este caso, creo que no hice lo suficiente por él, eso queda para la conciencia y la memoria.
1 comentario:
POWER!!!
Publicar un comentario